La muerte de Garcilaso de la Vega - Profe de Letras

📅 02/10/2026

Ser poeta o ser soldado siempre

han sido dos oficios muy peligrosos, pero en el Renacimiento lo eran aún más.

Estaban interconectados.

Por una parte, si eras soldado,

no solo corrías el riesgo de poder morir en cada batalla en la que

participases, de verte despedazado por una espada anónima y que tu cuerpo se

pudriera despojado por los cuervos. También podrías tener el ímpetu de querer ser

poeta y, por su fuera poco, que tu sufrimiento se eternizara por toda la

historia.

De otra parte, si eras poeta,

podrías tener la inclinación de querer ser soldado. De esta manera, no solo

desnudabas tu corazón para el deleite de la corte y, quizá, la eternidad

(si tenías un poco de maña y suerte). También ese mismo corazón te pediría

luchar en mil batallas y poner a prueba tu temple y tu espada contra el

enemigo.

Todo esto nos lleva al mismo

sitio: el arquetipo de noble del Renacimiento era el “hombre de armas y letras”,

es decir, un noble que no solo fuera culto y escribiese bien, sino que también

fuera diestro en la lucha. Garcilaso de la Vega, por supuesto, era uno de

ellos.

¿Quién era Garcilaso?

Garcilaso de la Vega fue y es uno

de los poetas más reconocidos en lengua española por su calidad, su delicadeza

y su maestría en el verso.

Este saber hacer le permitió ser

el primero que adoptara con gracia los metros y las estrofas italianas a la

lengua española. Sí, incorporó el “dolce stil nuovo” de los seguidores de

Petrarca en Italia a nuestra poesía.

Famoso suyo es el soneto como siguiente:

En tanto que de rosa y azucena

se muestra la color en vuestro gesto,

y que vuestro mirar ardiente, honesto,

enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena

del oro se escogió, con vuelo presto,

por el hermoso cuello blanco, enhiesto,

el viento mueve, esparce y desordena;2016\10\la-muerte-de-garcilaso-de-la-vega.html

coged de vuestra alegre primavera

el dulce fruto, antes que el tiempo airado

cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,

todo lo mudará la edad ligera,

por no hacer mudanza en su costumbre

(Puedes leer más aquí: Los 5

mejores poemas de amor de Garcilaso de la Vega.)

Pero las obras que le han hecho

inmortal quizá sean sus tres Églogas, poesías de ambiente pastoril en el que

los protagonistas son pastores y que cantan sus penas de amor. En esta entrada

hablamos sobre ellas.

Sin embargo, como hemos dicho

arriba, Garcilaso fue hombre de armas y participó en numerosas batallas y

asedios. Entró a servir en la corte en 1520 y participó en la Guerra de las

Comunidades de Castilla, en el cerco de Toledo (1522) o en la Jornada de Túnez,

donde fue herido de gravedad.

La muerte

Esta le sobrevino en la

expedición contra Francia de 1536, en la que fue nombrado maestre de campo.

Él y sus hombres (unos tres mil

soldados de infantería) asaltaron una fortaleza custodiada por una torre cerca

de Le Muy, en la Provenza francesa, y acordaron para ellos arribar las escalas

para subir por la muralla. Garcilaso fue uno de los primeros que subió, haciendo

uso únicamente de una rodela como arma defensiva.

Cuando los de la torre se dieron

cuenta, dejaron caer una gran y gruesa piedra que fue a parar al centro de la

escala y la rompió. El poeta y otros de sus hombres cayeron al foso desde gran

altura y a causa de los golpes se hirió gravemente en la cabeza.

Su agonía duró veinticinco días

y, presa del dolor y de la rabia, el emperador Carlos V mandó ahorcar a la

guarnición como castigo.

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